Viajaba en auto, mientras pensaba en un estado somnoliento en aquellas cosas que perdí con el paso de los años y me gustaría recuperar de mí mismo, como llegar a mi casa un mediodía y recostarme sobre mi cama para sentir el calor del sol en mi mejilla; hablarle a la luna; sentir la emoción de que en minutos empieza Dragon Ball Z; sentir, todos los días a las 5pm cuando escucho la intro de "La familia Ingalls" que seguramente mi vieja estaría mirando en la tele, que dentro de muy poco ya voy a tener que estar durmiendo; desear volver a casa, pero realmente hacerlo; jugar al Pokémon Blue, Red, Silver, o quizás Crystal, pero nunca Gold; abrazar a mi tío; maravillarme al descubrir que mi padre sabe dividir; reirme de los nervios cuando me lo enseña, ¿cómo le puede resultar tán fácil?; en fin, podría desvelarme enumerando.
Pero ayudado por el aviso de mi viejo sobre nuestra llegada a casa (dale boludo, levantáte) llegué a la realidad inevitable (tristemente, felizmente) de la improbabilidad de conseguir algo de todo eso.
Lo lindo de mi hoy, es la posibilidad de decidir cómo será mi mañana.

[Mis recuerdos siempre serán. Una parte de mi cielo.]
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