15 años pasaron ya desde que entré por primera vez a la escuela EGB nº9 ( para aquellos que desconozcan la zona céntrica de Lanús está ubicada en la calle H. Yrigoyen entre Guido Spano y Castro Barros ). Seamos exactos, entré en el año 1996 al jardín de infantes Juana Azurduy que funciona en el instituto, en la llamada Sala azul. En 1997 me vi en Sala verde, y en 1998 comenzé el primario, el cual gracias al tan estimado sistema educativo actual termina en 6to grado ( 11 años ), último año que estuve en el colegio, 2003. En total suman 8 años en el edificio. Vivía a tan solo unas cuadras de la escuela, lo cual me obligaba a volver a mi casa a pie ( acompañado de mi madre, no solo por mi corta edad si no que además ella trabajaba ahí, y compartíamos el turno mañana ) todos los mediodías. De regreso a casa, al pasar por la esquina de Guido Spano e H. Yrigoyen, encontrábamos cada día a un extraño conocido. De él me voy a encargar en lo que resta del texto. Es común ver por las esquinas más transitadas de nuestra provincia, un sinfín de personas que aprovechan los segundos donde los autos ( algunos ) se detienen en el semáforo para ofrecernos la más variada cantidad de mercancías probablemente inútiles que imaginemos. En esta esquina en particular se encontraba un hombre al que intentaré describir con la mayor exactitud posible que me permita mi pésima memoria; veamos, tendría unos 30 años, unos escasos metro 60 de estatura, pelo corto y prolijo, nunca barba, tez morena ( lo cual, por esa mala costumbre que tenemos los argentinos y sumado a su gracioso pero adorable acento, le hizo ganarse el apodo de "peruanito", aunque él no lo supiera ) También vendía, en este caso su catalogo incluía lupas, metros, fundas para celulares, cargadores, y demás giladitas. Vaya a saber uno por que, pero hace unos días ( y hoy ) vino a mi mente su recuerdo. Mi relación ( al igual que la de cualquiera de mi familia ) con él no fue mucho mas allá de unos cordiales saludos al pasar, pero sin embargo llegue a conocer algo de él. Tenía una casa cerca, imposible recordar donde, una mujer muy hermosa y un bebito rubio de ojos claros ( recuerdo haberlo visto una vez. Lo destaco por que su sonrisa me alegro el día ), además era dueño de una heladería de la cual se ocupaba en verano, me comentó. Siempre se mostraba amable y hasta por que no feliz. Hasta ese día, un día en el que pasé y no lo vi. No lo volví a ver. Primero pensé que estaría enfermo, pero el tiempo pasó y su ausencia continuó inmutable. A veces, como hace unos días o como hoy, me pregunto que será de su vida...
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