4 de agosto de 2010

Nos vemos, vaquero espacial.

Te contaré un cuento. Había una vez un gato silvestre. Ese gato, que había muerto y resucitado montones de veces había sido criado por muchas personas por las cuales no sentía más que indiferencia. El minino no le tenía miedo a la muerte. Pero un buen día nuestro gato se echó la manta a la cabeza. Conoció a una preciosa gata blanca y ambos vivieron felices. Pero al cabo de algún tiempo, la gata blanca envejeció y murió. El gato silvestre lloró hasta que se le secaron los ojos y también murió, pero esta vez no volvió a resucitar.

-Bonita fábula.
-Yo la detesto. No soporto a los animales.
-Me lo imaginaba.

[De CB, CXXVI]

Pretendía seguir viviendo un sueño imposible. Pero de repente he despertado. No entiendo como algunas personas prefieren vivir un efímero sueño mientras esperan que la realidad los golpee en la cara, en lugar de abrir sus ojos a una siempre oscura verdad. Por que lamentablemente es y será así, una verdad oscura en todo sentido de la palabra.
Corríjome, en realidad lo entiendo, la explicación al problema de optar por un sueño en vez de la realidad es tan simple que despilfarra obviedad, el hacerlo nos otorga una felicidad inalcanzable desde el punto de vista más "real".
Espero poder seguir optando siempre por el ojo que me deje ver la realidad. La puta madre, suena tan fácil.


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