Hay algo maravilloso en los viajes en colectivo cuando estamos solos. Me refiero, a los viajes que uno hace disfrutando, no al colectivo que tomamos todas las mañanas para llegar al laburo o a la facultad por obligación. Con o sin música, pero solo, cuando viajo en colectivo me siento muy feliz. No sé bien por que, será acaso el estar solo pero aun así rodeado de gente; el ver pasar miles de personas por la ventanilla y pensar en ellas como un conjunto de problemas, ideas, sentimientos, recuerdos, tan cerca y tan lejanas; quizás escuchar vagamente una conversación entre dos completos extraños; no lo sé. Supongo que será la tranquilidad, lo pensé hoy mientras viajaba de Lanús a Plaza Italia con el 37 (será una hora de viaje).
Viajar parado. Eso es realmente odioso.
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