13 de julio de 2010

White.

El reloj sigue contando y no se apiada de mí, quien debe despertar tan solo en unas horas y sigue frente a una pc. Mi cigarrillo se consumió entre mis dedos, aunque no podría precisar con exactitud hace cuanto tiempo. Y las palabras no parecen salir, palabras acerca de un hombre. De este hombre. Ramza Beoulve. Según cuenta la leyenda, llevó una vida difícil, probablemente mucho más difícil que la mía o la de cualquiera de ustedes. Nació...no, así no debería contarlo. ¿Por qué me cuesta tanto escribir sobre alguien de quien se tanto?...no, quizás sepa muy poco, o no sé nada en realidad. Esta persona, murió muy joven -a penas tenía mi edad- pero creo que logró ser más de lo que quizás pueda ser yo. ¿Cómo describirlo? veámos...era una persona con fé en los demás, noble, justa, podría deshacerme en elogios para describirlo y no sería aun suficiente, al fin y al cabo una persona con la inocencia y la estupidez que caracteriza a la gente pura de corazón. Una persona que dió su vida por los demás. Por los demás...que irónico... murió de la peor forma en la cual un ser humano puede morir, olvidado; tildado de hereje y traidor, su muerte no significó nada. Y lo significó todo. Es el castigo que reciben, todas aquellas personas que siguen, perdón, que seguimos su camino.



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