6 de noviembre de 2010

Casi como él.

Caminaba por la calle como si le sobrara todo, aunque inundado de carencias. Iba con su amigo a su lado, no necesitaba más nada [esperá...¿Ese no es...?] Se paró a mirar unos pendientes, siempre lo hacía y esta vez no iba a ser la excepción [¿No es ese hombre que no sabe usar un fax?]. Siguió caminando, paró un rato en el kiosko, como siempre, y siguió su marcha [¿No es ese hombre que perdió su fé en las personas?]. Detestaba su cabello, sus pecas escondidas, su...bah, últimamente no había cosa que no detestara [¿No es ese hombre que aprendió a andar en bicicleta hace tan sólo un año o dos?]. Se acomodó en su cama, e inmediantamente después se veía inmerso en letras, rimas, y tristeza, de un libro que encontró creyéndolo olvidado [¿No es el que solía hablarle al cielo?]. Alzó su vista y [Vamos a preguntarle] ...

[Disculpame, ¿vos no sos...?]

No, te confundiste con otro.

[No logré notar cuando, pero desapareció]

[[No podía ser él, después de todo, el sí sabía usar un fax]]


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